Día del traidor

Hoy, 30 de septiembre, es el último día de las vacaciones de verano. Mañana a la mañana retomo las clases de la maestría.

Cada vez que uso la palabra "vacaciones", esa palabra se siente inadecuada. Realmente, en un posgrado uno no tiene vacaciones; sólo momentos en los que investigás mientras tenés clases, y momentos en los que investigás sin tener que ir a clases.

Seguro conocés el dicho: el estudiante tiene tiempo pero no dinero, y el trabajador tiene dinero pero no tiempo. El estudiante de posgrado no tiene ninguno de los dos. Por suerte, celebro que disfruto lo que hago.

Este verano, entre otras cosas, me inscribí a un congreso como expositor, pude participar de un curso intensivo de verano, viajé a la ciudad norteña de Sendai para un evento académico de nuestro programa, y organicé un encuentro de intercambio en la Asociación de Becarios MEXT. Desde luego, investigando en los entretiempos.

No todo ha sido trabajo; también tuve la oportunidad de conocer Universal Studios con un amigo que vino de viaje a Japón. Basta con decir que el sitio me dejó impresionado.

Por otro lado, debo explicar el motivo del título de esta entrada. Hoy, además de ser el último día de mis supuestas vacaciones, también es el día del traductor. Traduttore, traditore: el que traduce, traiciona. Aprovecho para desearle a mis colegas traidores un muy buen día; si bien bromeo con esta frase, es una vocación hermosa de la que disfruto formar parte.

Y hablando de la traducción, recientemente tuve el agrado de escribir un artículo sobre traducción de japonés para una reconocida revista de traducción. Fue totalmente inesperado, pero muy grato; escribir ese artículo me resultó muy entretenido. No entraré en detalle, pero se publicará el año que viene y me genera ilusión verlo en las páginas de una revista en la que, hace algunos años, jamás pensé que llegaría a publicar.

Ese ha sido, a grandes rasgos, un vistazo de este verano. Ahora, de vuelta al campus.

Nuevo rumbo

Hace unos días, decidí cambiar la dirección de mi investigación.

Desde que vine a Japón, mi enfoque estaba más orientado a investigar japonés mediante el propio japonés exclusivamente, respaldando mis afirmaciones con un corpus y con mi sentido del idioma, dentro de lo que le es posible a un hablante no nativo.

El año pasado presenté un informe de investigación acerca de los casos en los que el prefijo negativo 無 (mu, "nada") se combina con extranjerismos del inglés. Y para la maestría, pensaba continuar esta línea de investigación pero abordada desde una perspectiva más amplia, tratanto las expresiones de polaridad negativa, un tema famoso en Lingüística. El proyecto era prometedor.

Pero decidí que no va.

Cuando vine, me preguntaron si utilizaría el español como herramienta contrastiva para respaldar mi análisis, pero yo estaba muy decidido por hacer las cosas exactamente de la misma forma que los japoneses, quizás para demostrarme a mí mismo que podía lograrlo (y considero que lo estaba haciendo). Pero algo que me di cuenta en estos últimos meses es que ese ángulo no tiene mucho sentido.

Hace poco me replanteé la dirección de mi investigación y qué tan conectado está lo que vengo haciendo con mis objetivos a largo plazo. Y me di cuenta de que no estaban para nada vinculados.

Lo que más sentido tiene para mí es investigar un tema que sea cohesivo con lo que me motivó a venir en primer lugar. Entonces, tuve que replantearme: ¿qué vine a hacer acá?

Desde esa perspectiva, la respuesta fue clara: lo más adecuado para la misión es incorporar el español y trabajar en una investigación que beneficie a los estudiantes de japonés en Argentina.

Como en el Lenguas Vivas los graduados no requieren una tesis de grado, sino más bien una práctica profesional, no tenía mucha idea de qué era realmente investigar antes de venir acá. Pero ahora, a más de un año de haber llegado, me doy cuenta de que la investigación de un académico no es nada más ni nada menos que su propia alma. Investigar un tema que no te termina de interesar es un total despropósito. Una tésis es una oportunidad de decir al mundo lo que pensás, de expresar una visión.

Por eso, la investigación tomará un rumbo totalmente diferente. En lugar de investigar cuestiones profundamente teóricas, decidí que quiero orientar mi investigación a resolver problemas reales que tienen los hablantes nativos de español que estudian japonés. La idea siempre fue aportar a la enseñanza del idioma en Argentina, y rumbo a ese objetivo no hay nada mejor que alinear mis intereses de investigación con mis intereses profesionales.

Rumbo a esa meta, creé en el sitio una sección de Lingüística, donde voy a ir compartiendo los hallazgos de la investigación y mis aprendizajes en la universidad que no se suelen enseñar en Argentina. Si sos un estudiante avanzado de japonés, te invito a consultar la sección.

Estudios japoneses

Este año, decidí tomar clases de Estudios Japoneses.

Quizás suene un poco confuso. No me refiero a "estudios que se hacen en japón".

Me anoté a la sub-especialidad de Global Japanese Studies de la Universidad de Osaka. Es decir, estudios acerca de la cultura japonesa.

Desde que empecé a considerar el japonés como mi área de interés profesional, siempre tuve ganas de formarme en esta área. Pero no veía cómo, porque ya había hecho mi grado en Traducción, y mi posgrado sería en Lingüística. No tenía idea de cómo iba a poder involucrarme en esa otra área.

Afortunadamente, me enteré de que acá tenemos este sistema de sub-especialidades. Aproveché.

La realidad es que tendría que estar invirtiendo mis materias en áreas relacionadas a mi investigación, pero en más de un sentido creo que me será útil para mi perfil. Incluso tenemos de profesor a uno de los profesores del terciario del Nichia.

Algo que estuve reflexionando a través de estas clases es la amplitud de los estereotipos que tenemos sobre Japón en el extranjero. Perspectivas de Japón como un país "tradicional", que aprecia valores y paz. O como un país "futurista", con la última tecnología. También el Japón "loco", donde ocurren fenómenos sociales inentendibles para los extranjeros. Pero la realidad es que estos tres estereotipos dominantes son eso mismo: estereotipos.

Japón es un país muy rico en cultura, con muchos años de historia. Pero también es un país incomprendido. Este discurso de que Japón es "diferente" viene impulsado tanto de la mano de la perspectiva estadounidense, como del propio deseo de Japón de cómo quiere ser vista. Pero la realidad es que este no es un país ni "tradicionalista", ni "futurista", ni "loco". Es un país (avanzado) común y corriente. ¿Tiene su cultura? Sí. ¿Han hecho avances tecnológicos? Sí. ¿Ocurren cosas que en otros lados no? Hasta cierto punto.

Pero ninguna de estas tres cosas realmente sirve para "calificar" a toda la población japonesa. Cuando consumimos medios japoneses, la impresión que nos deja cambia radicalmente en base a si lo ve un japonés, un extranjero que vive en el exterior, o un extranjero que vive en Japón. Para alguien que nunca vino acá, ciertos objetos o costumbres parecen rarísimos. Pero al venir acá, te das cuenta de que simplemente se trata de una diferencia de formato, en muchos casos. Y la barrera del idioma ayuda mucho a crear esta sensación de lejanía y de misterio con respecto a cuestiones que no son tan complicadas.

Para realmente analizar Japón en profundidad, es necesario soltar estos estereotipos y pensar el país con "los pies en la tierra". Y ahí es cuando realmente podemos ver a la gente que vive en esta nación.

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